De fobias y risas (parte 2)

[Continuación de De fobias y risas (parte 1)]

El cambio comenzó cuando conocí a Livia y Marta, dos coaches maravillosas que desde un tiempo me acompañan, me ayudan a conocerme y a querer ser mejor. Con ellas hago talleres de coaching y, desde el comienzo, mi fobia aparecía en casi todos los ejercicios y comentarios. Era mi limitación principal, mi mayor miedo, una frustración. Era mucho.

Recuerdo que en uno de los descansos de uno de estos talleres, hablando con Livia, me hizo una pregunta que me abrió la mente.

– ¿Tú sabes que esa fobia puede desaparecer?

Algo retumbó dentro de mí.

Y no, no lo sabía o, mejor dicho, quizá no quería saberlo, porque me daba miedo afrontar ese reto que podría suponer el tener que acercarme a un animal. Pero su mirada, su sonrisa, su determinación y su confianza en mí me ayudó a dar el paso.

Es muy fácil. Yo te ayudaré -me dijo-. Sólo tenemos que desprogramar algo que tienes en tu cabeza. Si quieres, lo intentamos.

Y sin saber muy bien por qué, le dije que sí llena de miedo y convencimiento de que era lo que tenía que hacer. Durante sus talleres había aprendido que todos tenemos los recursos necesarios para hacer aquello que nos proponemos, y deduje que sólo tenía que recordarlo. Porque, no sé en qué momento de mi vida, lo había olvidado. Si es que alguna vez, en este caso concreto, los había llegado a tener.

Nos pusimos manos a la obra. Comenzaron las sesiones. Nunca he conseguido explicar a mi gente en qué consiste exactamente lo que hacemos Livia y yo cuando nos encontramos. Hay que vivirlo. Son visualizaciones, ejercicios de programación neurolingüística (PNL), fueron algunas lágrimas, muchos sentimientos, algo que se removía por dentro.

Tras las sesiones llegaba a casa agotada. Derrotada. Era tanta la energía gastada durante todo aquello. Pero con la sensación de que algo estaba cambiando.

fobias parte2

Y el cambio llegaba, y era real. Pasar al lado de un perro atado sin cambiarme de acera ni desviar mi ruta, incluso hubo un día en el que estuve paseando por un mercado de segunda mano de la ciudad y mi novio me dijo:

– Hay bastantes perros aquí, ni te estás dando cuenta…

Y era verdad. Algunos ni los veía, y los que veía, no me afectaba su presencia. Podía pasear entre esa multitud sabiendo que había perros a mi alrededor, pararme a ver un puesto tranquilamente. No había nervios, ni ansiedad, ni ganas de irme de ahí. Algo había cambiado. Mi realidad era diferente.

Pero, ¿qué más ha cambiado?

Ahora tengo dos mascotas.

Aunque tengo todavía mucho camino por recorrer…

[Continuará]
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