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Frases que me horrorizan

Me encantan las palabras. El lenguaje. El vocabulario. Los signos de puntuación. La ortografía. A veces tengo dudas que me encanta resolver, a veces me cabreo cuando nuestra gramática o nuestra ortografía introduce cambios que trastocan mi cuadriculada cabeza. Que me dicen que ya no puedo poner tilde a ésta, ni a sólo. Y yo me resisto.

Me cabreo cuando una coma separa un sujeto de un predicado (por eso se llama coma criminal, porque dan ganas de matar a quien la escribe) o cuando alguien pone una tilde en ti. Siempre recuerdo a Don Gabriel, mi profe de Lengua en el colegio, cuando nos enseñó estas tildes.

¿Acaso decís ti libro?

Ti libro siempre quedó marcado en mi memoria.

Pero esto no es una clase de ortografía. Sólo (o solo, supongo…) es una recopilación de aquellas frases que me horrorizan, me espantan, me ponen la piel de gallina y los pelos (más) de punta.

Se te echa de menos

No soporto que alguien diga “se te echa de menos”. Me parece la frase más fea que le puedes decir a otra persona. ¿Le echas de menos o no? Y si le echas de menos, ¿qué problema tienes en hablar a través de la primera persona?

Lo mismo que “se te quiere”. Que es incluso peor.

SE-TE-QUIE-RE

¿Quién te quiere?

¿El universo te quiere? ¿Los árboles te quieren? No tengas miedo a decir te quiero si así lo sientes. Y si no, si sólo lo haces para quedar bien, mejor manda un beso y déjate de frases vacías. Que son palabras demasiado bonitas como para desvirtuar su significado tan alegremente… Te quiero. Y punto. Y si no te quiero, pues no lo digo. No te quedes a medias. Se te quiere no significa nada.

Soy muy sincero, lo digo todo a la cara

Decir las cosas a la cara como sinónimo de sinceridad y como ejemplo de virtud me parece lo peor. Sobre todo cuando se convierte en una forma de justificar la falta de educación. La sinceridad está sobrevalorada. Además, ser sincero no tiene por qué llevar asociado escupir a otra persona todo lo que se te pasa por la cabeza. Sin filtro. Porque soy sincero. Reparando Alas Rotas lo explica de maravilla.

Desconfío de las personas que se definen como ‘sinceras’ porque ‘dicen todo lo que piensan’.

No es lo mismo sinceridad que sincericidio.

Las palabras pueden tener una parte afilada según quién las pronuncie y quién las reciba.

Demos el precioso valor que contiene un silencio

Lo respeto pero no lo comparto

Odio las obviedades. Y esta es una de las más grandes. ¿Acaso no está el respeto dentro de cualquier conversación, de cualquier intercambio de opiniones? Creo que le quitamos valor a cualquier cosa obvia que verbalizamos (y que verbalizamos demasiado). Si alguien me dice algo con lo que no estoy de acuerdo no siento nunca la necesidad de decir “lo respeto”, porque eso es evidente.

Yo es que soy así

Pues mira, igual ha llegado el momento de cambiar. Excusar, de nuevo, la falta de educación, de empatía y de respeto por los demás en la manida frase “yo es que soy así” no tiene justificación. Habrá cosas que quizá no cambien en nosotros porque son nuestra esencia, nuestros valores, nuestra alma, pero puedes poner de tu parte para cambiar a mejor aquellas otras que realmente estás haciendo mal y que no vale disculpar con un “yo es que soy así“. En serio, puedes cambiar. Debes, incluso.

Sobran las palabras

Lloro cuando alguien le dice a su pareja que entre ellos “sobran las palabras”. A ver, si lo que van a hacer es insultarse y decirse palabras feas, vacías o sin sentimiento real sobran todas, claro. Pero esta frase siempre se usa como demostración de que su amor es tan fuerte, tan grande, tan perfecto, que no hace falta decir nada más.

Nunca sobran las palabras si las palabras son bonitas.

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Mi experiencia con la cándida albicans

Hace mucho tiempo que no actualizo el blog y hoy tengo ganas de hacerlo. No con una entrada bonita como las que me gusta escribir, sino contando una experiencia que estoy viviendo actualmente, ya con menos intensidad, pero que me gustaría explicar por si alguien puede verse identificado y puede encontrar algo de luz. Esta es mi experiencia con la cándida albicans intestinal.

candida albicans

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32 razones para amarte

  1. Que me preguntes dónde están las cosas antes de ponerte a buscarlas.
  2. Llorar de risa antes de irnos a dormir.
  3. Que Erentxun quiera salir a correr contigo.
  4. Tus abrazos antes de irte a trabajar.
  5. Tus besos cuando vuelves a casa.
  6. Que siempre vuelvas.
  7. Las pizzas – cerveza – Deluxe de los viernes.
  8. Las constelaciones de tu espalda.
  9. Que me mires como si fuese la primera vez que me vieras.
  10. Que adores a Dexter, que te apasione Breaking Bad, que sufras con Prison Break.
  11. La canción de Hawaii 5.0.
  12. Droki.
  13. Bailar en la cocina.
  14. Cuando me dices te quiero mirándome a los ojos.
  15. Las tardes en el sofá.
  16. Los días en los que no puedes parar de hacer cosas.
  17. Tu cara cuando te despiertas de la siesta.
  18. Que nuestras aventuras sean compartidas.
  19. Cuando soñamos despiertos.
  20. Cuando te ríes al contarme lo que te cuento mientras estoy dormida.
  21. Esos besos.
  22. Que me sueltes la mano cuando caminamos por la calle.
  23. Que no me sueltes nunca mientras vivimos.
  24. Los desayunos en la terraza.
  25. Que me acompañes a los conciertos
  26. La telepatía
  27. Tu forma de buscarme cuando me necesitas.
  28. Que te pongas nervioso conforme se acerca tu cumpleaños.
  29. Tu valentía.
  30. Que quieras que sea lo primero que veas al despertar.
  31. Y lo último que besas cada noche.
  32. Que seas magia.

[TeQuieroTodo]

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Historias con magia

Ayer, mientras esperaba para que Love of Lesbian me firmara su último disco Uri Bonet no dejaba de mirar mi camisa. Cuando llegué a la mesa me dijo que le encantaba y me preguntó que “por qué nunca había tenido el corazón tan rojo“. No supe qué responder (malditos nervios). Santi Balmes dijo que era chulísima y yo seguía temblando y balbuceando.

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Magia.

Poner un CD en modo aleatorio y que salga tu canción preferida.
Cantarla a pleno pulmón mientras conduces.
Un helado mirando al mar.
Las mariposas en la tripa.
Una piel erizada.
Caminar descalzo por la arena.
Dormir todas las horas que te apetezca.
Quedarte sin dormir descubriéndo(le).
Una caricia por sorpresa.
Una tarde en la piscina.
Un mensaje que te saca una sonrisa sin motivo.
O por todos los motivos.
El olor de un libro nuevo.
Su olor.
Un zumo de naranja recién exprimido.
Cotillear con tus amigas.
La gente que te hace temblar.
Un masaje en la cabeza.
Un día entero en pijama.
Las rutinas.
Una improvisación.
La telepatía.
Reír hasta llorar de risa.
Bailar en la cocina.
Unas sábanas recién puestas.
Una pizza, una cerveza, tu programa preferido en la tele.
Llorar cuando escuchas esa canción.
Saltar por el pasillo cuando escuchas esa otra.
Un mensaje de alguien de tu pasado que te dice “hoy pasé por ese sitio donde tanto tiempo compartimos juntas y me acordé de ti”.
Los días de sol y frío.
Un domingo por la tarde sin moverte del sofá.
El último capítulo de tu serie favorita.
Los detalles.
Un “tengo ganas de verte”.
Estrenar esa camiseta.
Hacer algo porque te apetece.
No hacer nada porque te apetece.
Hacer lo que te apetece.
Encontrarte gente buena.
Conseguir tenerla siempre a tu lado.
Un atracón de gominolas.

magia son momentos
magia son personas
magia es una sonrisa
un instante
una luz
magia que llega de repente
en lo más pequeño
en eso que lo hace grande

 

 

 

 

 
*Si miras con otros ojos, verás un poco mejor: la magia se esconde también en las pequeñas cosas. Basta con fijarse y estar de humor, con abrir bien los ojos y el corazón*. [Encantadas]

magia

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Me dijiste

dijisteMe dijiste que vendrías y te quedaste.
Te quedaste y ya nunca te fuiste.
Me dijiste que estarías conmigo y nunca me sueltas la mano.
Me sujetas y nunca dejas que me caiga. Pero, si me caigo, me sigues sujetando para que me levante con pocos rasguños.
Me los curas con caricias.
Me dijiste que me querías y terminamos amándonos.
Sacaste mi mejor sonrisa y siempre me haces llorar. De risa, claro.
Me dijiste que nunca te irías y aquí continúas.
Continúas caminando a mi lado y devolviéndome [a] la vida cada vez que me abrazas.
Me dijiste que me querías y todavía erizas mi piel.
Me demostraste que para ser valiente hace falta serlo. Nunca me dijiste que lo serías. Simplemente, lo fuiste. Lo eres.
Eres.
Llegaste de repente, sin quererlo, sin buscarte.
Apareciste y sigues presente cada día, cuando abro los ojos, cuando busco tu mano en el sofá. Cuando me miras y sonríes.
Sabes a café recién hecho, suenas a lluvia en el cristal, hueles a Nenuco.
Me dijiste que te quedarías y sigues besándome cada noche.

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La chica del autobús

chica autobus

Se subió en el 32 y se sentó enfrente de mí. Miraba el móvil con el ceño fruncido, como dudando qué hacer. Al final, decidió realizar una llamada. Su gesto nervioso esperaba una respuesta, pero no apareció nadie al otro lado. Colgó cabreada. Frustrada.

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Deberías darte permiso

Deberías darte permiso.
Si tienes ganas de llorar, llora.
Si te apetece saltar, salta. Si sólo quieres escuchar reggeaton, sube el volumen y canta.
Date permiso para aprender de cada sensación que tengas, date permiso para no hablar si el día se ha levantado gris. Date permiso para tener un día gris.
Deberías darte permiso para callar, para pensar, para llorar mientras te duchas. Permiso para no tener ganas. Para no estar.
Date permiso para cambiar de opinión. Para rabiar.
Llora si tienes ganas de llorar. Date permiso para soltar.

deberias darte permiso

Pero haz que, después, vuelva a salir el sol. Todos tenemos días en los que no apetece brillar. Lo importante es que sientas todo lo que pueden traerte y ofrecerte esos días, esos momentos, la nostalgia, lo aceptes, le des la bienvenida, aprendas, y lo dejes pasar para continuar sonriendo.

Date permiso para quedarte toda la tarde en el sofá, debajo de la manta, viendo una peli mala de las que hacen llorar sin motivo. Date permiso para estar contigo, para tu silencio, para que las horas de ese domingo pasen como a ti te apetezca.

Date permiso para amar como quieras amar, para querer a quien quieras querer, para dejar de querer a quien ya no quieras querer. Y, si quieres, odia. No te atormentes. Date permiso para equivocarte. Los sentimientos son únicos, tuyos, y nacen de dentro. Son reales. Sólo tú puedes diseñarlos, crearlos, aceptarlos y ver qué te pueden aportar. Decidir si se quedan o no. Sabes que no serán, algunos, los mejores compañeros. Lo sabrás. Y sabrás dejarlos ir, si quieres. Date permiso. Sólo tú decides cómo vivir tu vida. Recuerda que sólo tienes una.

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Una causalidad que cambió mi vida

Una de mis profesoras preferidas de coaching siempre dice que llegó hasta ese apasionante mundo no por casualidad sino por causalidad.

Y, en realidad, quizá todo sea cuestión de causalidades. Causa – efecto. Así comienza todo.

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S.

S

Cuando la vi por primera vez ella lloraba. Lloraba, lloraba, y no podía parar de llorar. Teníamos un nuevo escenario ante nosotras, nos tocaba compartir techo en aquella residencia de estudiantes y, en ese primer encuentro, ella lloraba, lloraba y lloraba, y yo sólo observaba todo lo que me rodeaba, nerviosa y ansiosa por lo que se iniciaba ahí.

Ella pensó de mí que era un cardo.

Los días pasaron y nuestras habitaciones compartían tabique. No recuerdo cómo comenzamos a ser las mejores amigas de aquella planta; ella dejó de llorar y yo de ser un cardo, y juntas emprendimos un camino que ya nunca se ha separado. 17 años agradecidas y emocionadas.

Yo me colaba en sus clases de Teleco y ella en las mías de Periodismo; me venía a buscar por la habitación 12, nos cogíamos del brazo para atravesar ese pasillo y bajar las escaleras de caracol ¡y nunca nos caímos! Había que bajarlas cantando. Durante los fines de semana que la gente se marchaba a sus casas ella y yo nos quedábamos solas, pero siempre acompañadas, cenábamos juntas en un comedor en penumbra y nos íbamos al cine o salíamos hasta la hora que nos marcaban las monjas. Que siempre era demasiado pronto. Nos pasábamos horas hablando en la habitación de la otra, masajes con los pies, cartas por debajo de la puerta, palmeras de chocolate (sólo media). Pedro. Llorábamos de risa y de tristeza cuando tocaba. Ya llorábamos juntas y yo ya dejé de ser un cardo.

Dos años en aquella residencia y 17 años sin separarnos. La vida nos trajo cosas que siempre compartimos y que siempre fue mejor pasar juntas. Nunca fuimos buenas suponiendo pero siempre fuimos las mejores en actitud.

Mañana emprende una nueva aventura y sé que va a ser genial. Nunca sus ojos brillaron tanto ni su sonrisa fue tan bonita. Yo seguiré a su lado para compartir todo lo que nos queda por vivir, para seguir llorando de risa, ya sin suponer, sabiendo que todo está [por fin] en su sitio.

Te quiero, amiga.