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Viento del este

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Deberías darte permiso

Deberías darte permiso.
Si tienes ganas de llorar, llora.
Si te apetece saltar, salta. Si sólo quieres escuchar reggeaton, sube el volumen y canta.
Date permiso para aprender de cada sensación que tengas, date permiso para no hablar si el día se ha levantado gris. Date permiso para tener un día gris.
Deberías darte permiso para callar, para pensar, para llorar mientras te duchas. Permiso para no tener ganas. Para no estar.
Date permiso para cambiar de opinión. Para rabiar.
Llora si tienes ganas de llorar. Date permiso para soltar.

deberias darte permiso

Pero haz que, después, vuelva a salir el sol. Todos tenemos días en los que no apetece brillar. Lo importante es que sientas todo lo que pueden traerte y ofrecerte esos días, esos momentos, la nostalgia, lo aceptes, le des la bienvenida, aprendas, y lo dejes pasar para continuar sonriendo.

Date permiso para quedarte toda la tarde en el sofá, debajo de la manta, viendo una peli mala de las que hacen llorar sin motivo. Date permiso para estar contigo, para tu silencio, para que las horas de ese domingo pasen como a ti te apetezca.

Date permiso para amar como quieras amar, para querer a quien quieras querer, para dejar de querer a quien ya no quieras querer. Y, si quieres, odia. No te atormentes. Date permiso para equivocarte. Los sentimientos son únicos, tuyos, y nacen de dentro. Son reales. Sólo tú puedes diseñarlos, crearlos, aceptarlos y ver qué te pueden aportar. Decidir si se quedan o no. Sabes que no serán, algunos, los mejores compañeros. Lo sabrás. Y sabrás dejarlos ir, si quieres. Date permiso. Sólo tú decides cómo vivir tu vida. Recuerda que sólo tienes una.

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Una causalidad que cambió mi vida

Una de mis profesoras preferidas de coaching siempre dice que llegó hasta ese apasionante mundo no por casualidad sino por causalidad.

Y, en realidad, quizá todo sea cuestión de causalidades. Causa – efecto. Así comienza todo.

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S.

S

Cuando la vi por primera vez ella lloraba. Lloraba, lloraba, y no podía parar de llorar. Teníamos un nuevo escenario ante nosotras, nos tocaba compartir techo en aquella residencia de estudiantes y, en ese primer encuentro, ella lloraba, lloraba y lloraba, y yo sólo observaba todo lo que me rodeaba, nerviosa y ansiosa por lo que se iniciaba ahí.

Ella pensó de mí que era un cardo.

Los días pasaron y nuestras habitaciones compartían tabique. No recuerdo cómo comenzamos a ser las mejores amigas de aquella planta; ella dejó de llorar y yo de ser un cardo, y juntas emprendimos un camino que ya nunca se ha separado. 17 años agradecidas y emocionadas.

Yo me colaba en sus clases de Teleco y ella en las mías de Periodismo; me venía a buscar por la habitación 12, nos cogíamos del brazo para atravesar ese pasillo y bajar las escaleras de caracol ¡y nunca nos caímos! Había que bajarlas cantando. Durante los fines de semana que la gente se marchaba a sus casas ella y yo nos quedábamos solas, pero siempre acompañadas, cenábamos juntas en un comedor en penumbra y nos íbamos al cine o salíamos hasta la hora que nos marcaban las monjas. Que siempre era demasiado pronto. Nos pasábamos horas hablando en la habitación de la otra, masajes con los pies, cartas por debajo de la puerta, palmeras de chocolate (sólo media). Pedro. Llorábamos de risa y de tristeza cuando tocaba. Ya llorábamos juntas y yo ya dejé de ser un cardo.

Dos años en aquella residencia y 17 años sin separarnos. La vida nos trajo cosas que siempre compartimos y que siempre fue mejor pasar juntas. Nunca fuimos buenas suponiendo pero siempre fuimos las mejores en actitud.

Mañana emprende una nueva aventura y sé que va a ser genial. Nunca sus ojos brillaron tanto ni su sonrisa fue tan bonita. Yo seguiré a su lado para compartir todo lo que nos queda por vivir, para seguir llorando de risa, ya sin suponer, sabiendo que todo está [por fin] en su sitio.

Te quiero, amiga.

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Nueve

Nunca había llorado tanto como aquel día. Cuando llegué al hospital ya no me veías, aunque tuve la suerte de poder despedirme de ti en ese ratito que nos regalaron en tu habitación. Después, te cogí de la mano mientras tu pecho subía y bajaba, bajaba y subía, cada vez más despacio. Y paró. Te fuiste como viviste, discreta, sin molestar a nadie. Y demasiado pronto. Me gustaban tus comidas de los domingos, ese aperitivo que me preparabas y que hacía enfadar a yayo, que te sonrieras por lo bajini cuando él gritaba y movieras la cabeza como diciendo: “No le hagas ni caso”. Que tuvieras secretos conmigo y que siempre sonrieras. Que fueras optimista, trabajadora y luchadora, que soñaras aunque no te dejaran. Que fueras tú misma. Que me entendieras aunque no lo hicieras en el fondo, que te gustara todo lo que tenía, hacía o llevaba, que respetaras todo lo que te rodeaba. Tu sonrisa, tu valor, tus ganas de vivir, tu alegría, tu paciencia, tus manos. Tu ver oír y callar. Nueve años sin ti y todos los días conmigo.

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Todo tiempo pasado fue pasado

Que todo tiempo pasado fue pasado. Que lo no se cuida se escapa. Que quien no te cuida se evapora. Que a quien no cuidas se marcha. Que todo tiempo pasado es pasado. Que quien no merece tu presente no estará en tu futuro. Que tú decides quién se queda pero también de quién te alejas. Que el pasado es pasado y te ayudó a ser quien eres, pero es pasado. Que una desilusión viene precedida de preguntas, incluso te cuestionas tu culpa, toda para ti. Pero un día reconoces y sientes que cada cual tiene su punto de vista y que todos tienen razón. O puede que nadie. Pero tú ya has decidido que el pasado fue pasado. Que el presente es tu vida. Que tú decides quién permanece. Que decides alejarte. Que tú decides quién merece tu presente y disfrutar de tu futuro. Que todo tiempo pasado fue pasado.

Abrir los ojos.

Cerrar el corazón.

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Un paseo por la Toscana

De vacaciones siempre se está bien. Las nuestras este año han estado protagonizadas por el calor abrasador de la Toscana en agosto, mala época para visitar esta zona de Italia ya que, además de que resulta complicado pasear a gusto por sus pueblos y ciudades por las temperaturas tan elevadas, los paisajes no son tan idílicos como esperas tras haber visto muchas, y muchas, fotografías antes de partir.

Pero la Toscana enamora. A mí me queda una sensación de no haber disfrutado al 100% de todo porque el calor me afecta demasiado, pero viendo las fotos desde casa, fresquita y descansada, hace que compruebe que, efectivamente, han sido unas bonitas vacaciones. Vamos a ver día a día cómo distribuimos el viaje, por si te sirve para preparar futuras escapadas. Cualquier consulta, no dudes en preguntarme.

toscana2015

Día 1

Como el vuelo salía de Girona el lunes muy temprano, pasamos el domingo en Barcelona con nuestros amigos Nuria y Lluis, dormimos tranquilamente, y en una horita estábamos en el aeropuerto. A las 10.15 horas aterrizábamos en Pisa, fuimos a por el coche de alquiler (Fiat Punto) y directos a ver la Torre. Nos habían dicho que Pisa no tenía apenas nada interesante y que entrar a la zona de la Torre impresionaba bastante pero, basta que me lo esperara, no me impresionó especialmente. Que es bonito, sin duda. Mucha gente y muchas fotos típicas sujetando la torre que, por supuesto, nos negamos a hacer. Excepto nuestros compañeros de viaje que sí se quisieron hacer una.

Pisa

Después de visitar esta zona dimos un paseo por las calles del casco antiguo, me gustaron bastante y sí recomiendo verlas. De ahí fuimos a hacer la compra al Carrefour de Pisa, ya que la idea era hacer las cenas en el apartamento que teníamos alquilado y llevarnos las comidas preparadas desde ahí; primero, para ahorrar, segundo, para evitar tener que andar buscando restaurantes sin gluten para mí, tercero, para ganar tiempo y comer rápido con nuestros tuppers. Fue una gran idea.

Salimos con nuestra compra hecha rumbo a San Dalmazio, lugar donde teníamos el apartamento. Pasado Ponsaco nos adentramos por fin en los auténticos paisajes toscaneros, una mala carretera sin arcén ni seguridad que, curva a curva, nos llevó hasta nuestro destino donde estableceríamos el cuartel general de descanso para estas vacaciones. Nos damos un baño en la chulísima piscina con vistas, una cerveza fresca en la terraza y a descansar.

Día 2

Toca Florencia. Unas dos horas de coche para llegar. Mucha gente, calor muy agobiante. La plaza del Duomo, una vez más, no llega a impresionarme. Todo el mundo me había hablado de las bondades de Florencia y, de nuevo, mis expectativas eran tan altas que pocas cosas me llegaban realmente a asombrar. Culpa mía. Sí que me gustó el Puente Vecchio. Este primer día decidimos comer en un restaurante para probar la comida italiana, ya habíamos buscado uno que tenía menú sin gluten y fue un verdadero acierto (Ciro and Sons). Toda la carta estaba disponible para celíacos. ¡Hacía tiempo que no tenía tanta comida para elegir! Pizza increíblemente rica para coger fuerzas.

Por la tarde el calor era horrible. Decidimos subir a la cúpula del Duomo, nos compramos un paraguas como auténticos chinos (¡qué listos son!) y aguantamos estoicamente la fila. Nada que ver con lo que nos esperaba en la subida, pues el calor se volvió irrespirable en aquellas escaleras. Si vas en agosto no entres aquí sin agua. Las vistas desde arriba son una chulada, aunque no más frescas que el resto… La bajada es más rápida. Ganas de respirar. Son más de las seis de la tarde y volvemos a por el coche (aparcado en un parking cerrado para evitar ir y volver si lo dejas en la zona azul).

Saliendo de Florencia, hacia Siena, nos encontramos un mirador en una colina, al otro lado del río. Por primera vez disfruto y me asombro con lo que veo. Unas maravillosas vistas de la ciudad acompañadas por la música de un cantante callejero que ameniza este momento y lugar especial.

florencia2

Día 3

Uno de mis favoritos. Tocaba visitar Arezzo (dos horas y media en coche desde San Dalmazio), el pueblo donde se rodaron algunas escenas de una de mis películas preferidas, La vida es bella. Tenía especial ganas de estar ahí y, esta vez, las expectativas no empañaron la visita. Recomendable disfrutar de sus calles. En algunas de ellas vemos carteles que te enseñan qué escena en concreto se rodó en ese lugar. Dedicamos más de dos horas a pasear y a sacar muchas fotos.

arezzo2

la llave

Calle

escalera  plaza

ventana escuela

ventana

De ahí salimos hacia Siena. Hace tanto calor que no se puede comer a gusto en la calle, así que preparamos el pic nic de hoy dentro del coche. Mucho más fresquitos. Siena es de las ciudades que más me han gustado de este viaje. La plaza del Campo es espectacular y las calles que la rodean son chulísimas, además con bastante sombra, se agradece para pasear…

siena

En Siena compramos uno de los recuerdos de este viaje. Estaba ahí en una juguetería para nosotros, no había ninguna caja más, ni la volvimos a ver en ninguna otra juguetería de las que visitamos (nos encanta visitar jugueterías…)

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Gran día que culmina con una rica cena en el apartamento, y a dormir. Los madrugones son considerables y eso se nota al final del día…

Día 4

Toca recorrer varios pueblos emblemáticos de la Toscana y el Valle de Chianti. Primera parada, Volterra. Poca gente ya que es todavía temprano, se agradece. El pueblo es muy bonito y está muy bien cuidado, desde las afueras, en las murallas, las vistas son impresionantes. De ahí vamos a San Giminiano, está cerca. El conocido como Nueva York de la Toscana (dicen que por el skyline con sus torres, yo creo que es por la cantidad de tiendas y gente que hay). Primer día que nos cuesta bastante aparcar, este lugar es muy turístico y se nota. Atascos, vueltas, aparcamientos completos, al final lo dejamos donde buenamente podemos. El paseo es bonito y las tiendas son muy chulas, mucho ambiente. Nos comemos unos helados increíbles (sin gluten y sin lactosa) que después supimos eran de una de las mejores heladerías del mundo. ¡Me lo creo!

Sobre las 13.00 horas nos vamos hacia el valle de Chianti, comienzan a aparecer viñedos y paisajes más verdes, los pueblos no matan tampoco, pero el recorrido es chulo. Descartamos la idea de entrar en alguna bodega y decidimos probar el vino en San Dalmazio, sin coche ni prisas. Aparecemos en Florencia y nos acercamos a Fiesole para ver la ciudad desde esta perspectiva. Bonitas vistas, aunque mucho más bonitas las del mirador del otro día. Si os sobra tiempo, bien, si no tampoco es imprescindible.

Día 5

Día de playa. Nos vamos a la costa. De camino paramos en Massa Marítima, sin más, y continuamos hacia el mar por una carretera arbolada muy bonita. Llegamos y no sabemos bien dónde ubicarnos para comer, por lo que vamos de playa en playa hasta acomodarnos en el Golfo de Baratti, donde comemos nuestro pic nic de hoy mirando al mar. Un bañito y para casa, tenemos bastante rato de coche. Terminamos la jornada en la piscina, cenamos un risotto maravilloso preparado por mi chef consorte y a dormir.

Día 6

Visita a Collodi, el pueblo de Pinocho. Para no extenderme mucho, podéis leer la experiencia narrada en este blog de viajes en el que colaboro. De ahí nos vamos a Lucca, aparcamiento rápido y fácil y casi 40 grados a la sombra. Atravesamos sus murallas y nos adentramos en un bonito pueblo con aire medieval. Subimos a la torre desde donde poder disfrutar de unas vistas estupendas, subida cómoda y rápida, para quitarnos la espinita del Duomo… Lucca, sin duda, es visita obligada si estás en la Toscana.

lucca

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De vuelta a casa decidimos hacer un alto en Livorno. Habíamos leído que era feo, que no valía la pena, en algún otro sitio decían que sí… Decidimos comprobarlo por nosotros mismos y sí, no tiene nada; la zona de los canales se presiente bella ya que es conocida como “la Venencia de la Toscana”, pero se queda grande esta denominación. Los edificios están muy descuidados y los canales parecen metidos en una especie de polígono. Mi recomendación: no perdáis horas del día en pasar por aquí. Decidimos bajar a San Dalmazio por la costa y disfrutamos de lugares muy chulos dirección Cecina, con miles y miles y millones de coches y motos aparcados en las cunetas; es una zona playera con mucha afluencia y bonitos paisajes.

Día 7

Hoy decidimos atravesar los límites de la Toscana y nos vamos a La Spezia para conocer Cinque Terre. Sin duda, otro de mis días favoritos de las vacaciones. La panzada de coche es interesante pero sí merece la pena esta vez. Para no volver a enrollarme, os dejo con otro enlace donde podéis leer la experiencia de bañarse en Riomaggiore. ¡100% recomendable!

Riomaggiore

De los cinco pueblos no pudimos visitar todos; el tema de aparcamiento es horrible en esta zona, aquellos que están delimitados como tal se encuentran completos todo el rato, y las multas si aparcas fuera  de ahí (sin molestar ni interferir el tráfico) van que vuelan, así que ten cuidado con dónde dejas el coche, aunque veas muchos aparcados en cunetas o zonas de descanso estás expuesto a multa. Nosotros nos libramos en dos ocasiones. Tres horas de coche para volver a San Dalmazio, hoy nos regalamos una cena en el pueblo en un restaurante muy toscanero. Esto se acaba.

Día 8.

Toca volver, el vuelo sale sobre las 21.00 horas así que tenemos todo el día para aprovechar. Regresamos a Florencia para ver si una nueva visión conseguía sorprenderme. Y, por suerte, lo hace. Ayuda el hecho de que llueve, hay 20 grados de temperatura y hemos decidido dejar las cámaras, mochilas y todos los trastos con los que cargamos cada día en el coche, por lo que caminar pudiendo respirar y sin peso es toda una novedad. Me alegro de haber vuelto.

Algunos datos, consejos y precios

El vuelo que cogimos fue con Ryanair. Girona – Pisa (94.32 euros) / Pisa – Girona (107.98 euros) (dos pasajeros).

El alojamiento lo hicimos en Residence Il Monastero, en San Dalmazzio. 455 euros en apartamento para dos personas, 7 noches.

El coche de alquiler fue con Goldcar. Elegimos el paquete con máxima cobertura para evitar problemas, incluía conductor adicional gratis, recogida preferente en el aeropuerto (genial porque la fila era interminable), combustible lleno – lleno (el primero incluido) y cobertura a todo riesgo. Total: 426,75 euros. Ningún problema.

No vayas a la Toscana en agosto si, como yo, no soportas el calor. Desluce el viaje y los paisajes están bastante secos, incluso la mayoria de los girasoles quemados, excepto un par de campos que sí que vimos estupendos.

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Lleva protección anti mosquitos, sobre todo si te alojas en un pueblecito como el que estábamos nosotros en plena naturaleza. Mucho relax y preciosas vistas, pero muchos picotazos.

Si visitas la Toscana en verano, intenta que el alojamiento donde termines tu día de coche y fotos tenga piscina. Muy recomendable. Un baño refrescante antes de cenar es la mejor manera de culminar jornadas tan calurosas.

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Cuando todo encaja

Mi pequeña rock and roll,
mis alas,
mi luz cuando se hace de noche,
mis ganas de abrazar.
Esa fuerza.
Tu sonrisa.
Tus ganas y tu entereza.
Valiente.
Tus ánimos cuando me pierdo, tu mano cuando me encuentras.
Nosotras.
Tus ganas de soñar

de vivir

de sentir

tu amor

S
I
N

C
O
N
D
I
C
I
O
N
E
S

Tu verdad.
Tu compañía, llorar de risa y estar setas.

Querete es una de las cosas más faciles de este mundo, con más recompensas y que más felicidad puede darme.
Quereros es lo mejor que sé hacer.
Porque tú, vosotras, nosotras, me hacéis mejor.
Porque juntas
podemos,
sabemos,
queremos,
somos
y
reímos.
Estamos.

Saberte ahí, en cada latido, abrazándome el corazón. Huele a café recién hecho, a tierra recién llovida, a hogar.

Soñar juntas.

Siempre

juntas.

Feliz día, pequeñita.

Feliz vida.

barriguita

*Vamos ganando batallas perdidas con sólo un sueño, tres manos cogidas*

 

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Piel

La piel no mentía.
Le decía que nada podía ir mal, y que todo estaba mal, ahí, así. Le dolían las caricias que le erizaban al mismo tiempo que necesitaba volver a tocarle.
Contradicciones.
La piel se lo decía. No podía, pero quería, y sabía que aquello que le hacía temblar terminaría haciéndole daño. Lo sabía. Y no quería. Pero quería. Y no podía.
La piel le hablaba a gritos, pidiendo un gesto más, un roce más, un descuido más.
Lloraba.
Soñaba.
Se equivocaba cada vez que le hacía caso a su piel, y nada le hacía más feliz que seguir sus órdenes. Cuando quería. Cuando no podía. Cuando sabía que quería. Y no debía.
La piel siempre se lo dijo. Acertaba. Sentía. Erraba. Aprendía. Se estremecía.
Lloraba.
Porque nada duele tanto ni enriquece tanto como sentir con la piel.