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#microcuento

Recogió todos los lunares que le había arrancado a suspiros. Cerró la puerta y se los pegó con la sal de sus ojos. Uno se quedó al otro lado para siempre.

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Hacerse ver

Lloraba.

Lloraba tanto que se secaba por dentro.

Se secaba por dentro y desaparecía por fuera, haciéndose pequeña. Se borraba su cuerpo, su sonrisa, su paz y su libertad.

Lloraba y nadie la veía. Porque se escondía, avergonzada, desilusionada, resignada. Pensando que era así como tocaba vivir, así como tenía que ser, y dejaba de ser tras cada grito, tras cada gesto.

Se hizo más, y más pequeña. Lloraba pero no gritaba. Se ahogaba.

Hasta que un día decidió que no podía seguir siendo así de pequeña. Que tenía que crecer, volverse a ver, hacerse ver, gritar y patalear.

Dibujar su cuerpo, su sonrisa, su paz y su libertad.

Y ese día, vivió.